
Viento, humedad, podía recordar hasta
la suciedad del ambiente... aquel cuerpo inerte sobre el suelo
rodeado por sombras de seres ocultos en la oscuridad y frente a él
aquellas dos imponentes figuras. Aquellas expresiones de decepción
por parte de ambos, sobre todo la de Él, transgredir las normas
tenía sus consecuencias, pero a pesar de todo no se arrepentía de
haberlo hecho, tan solo de aquel maldito desenlace que no tenía por
qué haber ocurrido...
Su belleza, infinita belleza, su
seductora e irresistible atracción pagada con el más grande de los
pesares, pues malditos se encontraran, por ser inmortales e
innaturales; agobiados en la perfección irreal, arcángeles, que día
a día, luchan contra la tentación, bendicen a los humanos con sus
sagradas palabras, los protegen y guían, batallando contra las
tentaciones mundanas, ellos destinados a pelear con demonios, y
rescatar las almas puras, que se les arrebatan.
La blancura que le rodea es irreal, y
hasta pareciera a ratos que realmente no está allí, un sueño, la
realidad, ya había comenzado a dudar de su propia cordura. La muñeca
de porcelana perfecta, con divinos ojos de cristal hipnótico, de
hermosa figura, rodeada solo por esa aura de tranquilidad. Todo era
perfecto al lado de su señor, no había preocupaciones,
tentaciones, solo debía proteger a los más pequeñas de esas
bestias sedientas de sangre, pero así mismo sentía su liberta
cuarteada, todo resultaba tan perfecto.
Este sería como cualquier otro día,
su traje estaba listo, desplego sus alas, bajaría a la tierra a
guiar a los bondadosos y librar su batalla diaria con los demonios,
pero no, este día no sería como cualquier otro; sus ojos vieron lo
que nunca creyó, las orbes impactantes de aquel ser, le cautivaron.
A cada paso del intruso, el adictivo aroma, se hacía más poderoso y
adictivo, como si invitara a lo desconocido. Pero a su vez se
asemejaba al canto de las sirenas, era hermoso y adictivo, pero
también cargado de peligro y desdicha. Hasta que fue víctima de su
propia duda.
Seguía recordando el pasado reciente,
las palabras del demonio, las cosas que la dejaron en este punto, en
el punto en que solo las lágrimas podían brotar, había cedido a la
tentación, ahora le amaba, pero aquello no era más que prohibido, y
sus brazos no serían lo suficientemente largos para alcanzarlo.
“Un Arcángel, un hijo mío no puede
ser a amado por nadie más que Dios, un demonio no te amara como yo…
Si amas a alguien más que a mí, solo te convertirás en un veneno
que consumirá ese supuesto amor…Solo deseo protegerte, hija mía”
La sentencia se escuchó en el lugar,
resonando con un eco, su hija tenía la libertad limitada, su cuerpo
humano era un descanso de la perdida que sufría, y la volvería a
sufrir si el sentimiento denominado amor, volvía a crecer en su
interior. Lo escucho con atención, mientras sus palabras retumbaban
en su cabeza
No sabía por qué actuaba así, porque
la cuidaba, hacia tan solo un instante su mirada reflejaba odio y
oscuridad, y ahora era tranquilizante, casi como un sedante, aunque
doloroso, amor, realmente lo era, se tomó tiempo, para renunciar a
ser lo que era, para abandonar aquel mundo perfecto en el que había
nacido, y entregarse a las tentaciones mundanas para estar a su lado,
y así fuere, ante la advertencia de Dios.
“Ahora él y tu están envueltos en
una oscura niebla, llamada soledad, y entre más cerca quieran estar
más grande será el abismo que los separe. La sangre es más
poderosa, y alguno de los dos terminara en brazos del otro...”
El mecer de su cuerpo en la silla,
observando con fascinación la pequeña vida que ahora sostenía en
sus brazos, levanto sus orbes al escuchar los pasos del que sería el
príncipe de los demonios, el ritmo de su respiración se aceleró
con brusquedad ante el apresurado golpeteo de su corazón. Algo más
se sumaba a la situación: La frase “Latidos del miedo” chocó
contra su curiosidad inherente, se armó de valentía, y tras un
suspiro silente, irguió postura para poder contemplar a los dos que
le observaban con serenidad fingida. Temblaba, y sujetaba al pequeño
entre sus brazos con fuerza, pero ahora no era fuerte, no tenía
como defenderse solo podía huir, pero sus piernas no fueron
suficientemente rápidas para ellos.
Como pudo arrastró sus pies a unos
cuantos metros de donde estaba tirado con la ropa hecha pedazos
manchados de sangre, su cuerpo prácticamente había sido masacrado a
golpes. Lágrimas llenas de soledad… tristeza…odio… venganza…
eran los sentimientos que ahora albergaba en su ya marchito corazón.
Lo había perdido todo, todo reducido a cenizas y ella abandonado en
algún lugar que no conocía, esforzándose por alcanzar al pequeño
aún con vida, pero le fue arrebatado, sus dedos se extendieron
tratando de alcanzarlo, pero ya era muy tarde, su corazón en un
crepitar adolorido se detuvo, ya si ningún sonido en el aire, solo
estaría aquel cadáver, y las figuras imponentes de los que le
arrebataron su hijo.
CRÉDITOS:
Texto: Neku [New Kuroshitsuji RPG]
Imagen: Neku
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