miércoles, 14 de marzo de 2012

2. Ese mayordomo, en la noche


El demonio marco mas su sonrisa cuando la muchacha volvió a desviar el cañón de se su garganta y lo sustituyo por sus propios labios dando suaves toques en la pálida y perfecta piel del mayordomo, toques que pasaban desapercibidos pues no le dejaban marca alguna al demonio. La pelirroja poso el arma en su regazo dejando su mano libre y llevando ambas al pecho del contrario, comenzando a quitarle la chaqueta. Sus actos eran lentos, sabia que movimientos así sacaban de sus casillas al demonio, pues no solo era un animal cuando se trataba de salvar a su joven amo. Tomo la chaqueta y la dejo caer al suelo, llevando después las manos a la cintura del mayor y subiendo con tranquilidad, haciendo que para el mas adulto aquello fuera un tedio. Cuando llego al pecho lo cogió por la corbata y se acerco a su rostro-No todas las torturas son a fuerza de golpes...-le susurro con una sonrisa antes de deslizar su lengua por la comisura de los labios ajenos. Dejo su rostro cerca de el del demonio sintiendo así la respiración de este mientras que con la misma tranquilidad de antes le iba quitando la corbata y abriendo su camisa dejando a la vista parte de su pecho.- Eso es algo que conozco bastante bien, y mas te vale que expíes tus pecados antes de morir...de lo contrario me entretendré mucho con el alma de una asesina lujuriosa.-aquellas palabras provocadoras hicieron que la pelirroja volviera a tomar el alma apuntando al lugar donde estaba el corazón del demonio.-Eso no te servirá de nada...-le susurro con un ronroneo.-¿Y quien te dijo que no están bañadas con agua de la Iglesia...?- el rostro de la pelirroja se había acercado al contrario haciendo que ambos se rozaran– No me subestimes preciosa... hace falta mucho mas para detenerme que con agua “bendecida” por un misero humano...

Había perdido el sueño y hacia tiempo que no dejaba de dar vueltas por la cama intentando conciliarlo, el tic-tac del reloj comenzaba a ponerle de los nervios. Cerro los ojos recordando aquellas manos que hacia momentos atrás le estaban desnudando, pero solo para volverlo a vestir segundos después. Sus mejillas tomaron color cuando se imagino aquellas manos acariciando suavemente su mejilla, dejando que descendieran por su cuello hasta su vientre acariciando su pecho en el camino, sus ojos se abrieron de golpe al tiempo que sentía el calor de su rostro. Emitió un pequeño gruñido y separo su mano de si volteando hasta quedar boca abajo con el rostro apoyado en la almohada. Giro su rostro observando el fragmento de luna que se colaba a través de una rendija que había entre las cortinas. La mansión era bastante fría, sobre todo de noche, así que cuando se levanto, tomo una manta para cubrirse antes de salir de sus aposentos. Se guió con la poca luz que se filtraba hasta llegar al lugar de reposo del demonio pelinegro, se paro frente a su puerta dispuesto a tocar, pero siendo este el dueño de la habitación ya debería de saber que el se encontraba fuera. Coloco la mano en la perilla de la puerta girándola y abriéndola sin hacer ruido, la manta le resbalo hasta el suelo mientras observaba estupefacto la escena.

El adulto separo levemente su rostro del cuello de la pelirroja mirando con un reojo disimulado al joven conde que estaba parado en el marco de la puerta. Deslizo las manos por la espalda de esta atrayéndola y apretándola contra él al tiempo que soltaba a adrede un pequeño pero audible sonido desde lo profundo de su garganta. Ascendió su rostro rozando la piel del cuello de la joven con sus labios provocando que un gruñido de rabia saliera del conde peliazul. Meirin giro su rostro rápidamente dándose cuenta por primera vez de la presencia de su amo observándole con un indicio de temor, al mismo tiempo y con parsimonia volteo el demonio su rostro observando al joven conde unos instantes antes de volver con la pelirroja.-No te me distraigas...-la atrajo hacia si apretando le las nalgas provocando que los ojos de ella se cerraran soltando un suspiro involuntario y sus brazos se aferraran al cuello del pelinegro, quien continuo acariciándola. Los puños del menor se cerraron con rabia al ver aquello y su mandíbula se apretó haciendo rechinar sus dientes, gesto que provoco una sonrisa oculta al demonio.

El peliazul dio unos pocos pasos quedando a poca distancia de la cama. Observo al demonio quien le devolvía la mirada con aquellos rubíes impaciente -Tú, demonio... Aquí...-el demonio sonrió de medio lado al ser llamado por el peliazul, con un movimiento, volteo dejando a Meirin bajo el, dándole un lento lametón en el cuello antes de alejarse de ella y moviéndose lentamente sobre la cama hasta llegar frente al conde.- Joven a...-sus palabras fueron cortadas por un sonoro bofetón del menor que hizo que el rostro del pelinegro se girara por el impacto- lament...- antes de que terminara fue cortado de nuevo por otro golpe en su mejilla. El demonio sonrió levemente llevándose una mano a la comisura del labio donde había recibido el impacto del anillo del conde, volvió a abrir los labios para hablar pero el peliazul lo callo antes de que empezara ordenándole silencio. El joven conde tomo de la camisa al demonio y tiro de ella acercándolo a si mirándole directamente a los ojos, estos se desviaron sobre su hombro observando unos instantes a la pelirroja que yacía sobre la cama, acerco su rostro al del pelinegro hasta casi rozarle y esbozo una sonrisa torcida con el que su rostro perdió todo rastro de inocencia.-Ya que has comenzado y te has molestado en mostrarme esa pequeña escena... prosigue- soltó la camisa de este y le dio un empujón con el que hizo retroceder al demonio.-Observa Meirin que amo tenemos...-comento divertido tomando a la ahora cohibida sirvienta por la cintura e incorporándola para atraerla hacia si de nuevo consigo- nosotros, como buenos sirvientes que somos, debemos complacerle en todos sus caprichos...¿verdad?-lamió el lóbulo de la oreja de la pelirroja haciendo que asintiera levemente.

El joven Phantomhive  retrocedió sentándose en un sillón cercano a la cama desde donde tenia visión completa de ambos, apoyo su codo en el reposabrazos del sillón y en este su rostro, observando atentamente cada uno de los movimientos del pelinegro. El demonio tomo la mano de Meirin quitando el arma de su posesión, extendió la mano fuera de la cama e hizo que el cargador y el resto de esta se desmontara por piezas haciendo ruido al caer al suelo. Tomo la corbata que antes le había quitado la francotiradora y la ato por las manos al cabecero con ella. Las manos del demonio acariciaron en vientre de la sirvienta aun cubierto el jersey oscuro y su vista se dirigió hacia el peliazul acomodado en aquel asiento-¿Esta seguro, joven amo...?-le pregunto, aunque mas que una cuestión pareció una afirmación pues se inclino sobre la sirvienta sin esperar una respuesta de este.

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