El demonio marco mas su sonrisa cuando
la muchacha volvió a desviar el cañón de se su garganta y
lo sustituyo por sus propios labios dando suaves toques en la pálida
y perfecta piel del mayordomo, toques que pasaban desapercibidos pues
no le dejaban marca alguna al demonio. La pelirroja poso el arma en
su regazo dejando su mano libre y llevando ambas al pecho del
contrario, comenzando a quitarle la chaqueta. Sus actos eran lentos,
sabia que movimientos así sacaban de sus casillas al demonio, pues
no solo era un animal cuando se trataba de salvar a su joven amo.
Tomo la chaqueta y la dejo caer al suelo, llevando después las manos
a la cintura del mayor y subiendo con tranquilidad, haciendo que para
el mas adulto aquello fuera un tedio. Cuando llego al pecho lo cogió
por la corbata y se acerco a su rostro-No todas las torturas son a
fuerza de golpes...-le susurro con una sonrisa antes de deslizar su
lengua por la comisura de los labios ajenos. Dejo su rostro cerca de
el del demonio sintiendo así la respiración de este mientras que con
la misma tranquilidad de antes le iba quitando la corbata y abriendo
su camisa dejando a la vista parte de su pecho.- Eso es algo que
conozco bastante bien, y mas te vale que expíes tus pecados antes de
morir...de lo contrario me entretendré mucho con el alma de una
asesina lujuriosa.-aquellas palabras provocadoras hicieron que la
pelirroja volviera a tomar el alma apuntando al lugar donde estaba el
corazón del demonio.-Eso no te servirá de nada...-le susurro con un
ronroneo.-¿Y quien te dijo que no están bañadas con agua de la
Iglesia...?- el rostro de la pelirroja se había acercado al contrario
haciendo que ambos se rozaran– No me subestimes preciosa... hace
falta mucho mas para detenerme que con agua “bendecida” por un
misero humano...
Había perdido el sueño y hacia tiempo
que no dejaba de dar vueltas por la cama intentando conciliarlo, el
tic-tac del reloj comenzaba a ponerle de los nervios. Cerro los ojos
recordando aquellas manos que hacia momentos atrás le estaban
desnudando, pero solo para volverlo a vestir segundos después. Sus
mejillas tomaron color cuando se imagino aquellas manos acariciando
suavemente su mejilla, dejando que descendieran por su cuello hasta
su vientre acariciando su pecho en el camino, sus ojos se abrieron de
golpe al tiempo que sentía el calor de su rostro. Emitió un pequeño
gruñido y separo su mano de si volteando hasta quedar boca abajo con
el rostro apoyado en la almohada. Giro su rostro observando el
fragmento de luna que se colaba a través de una rendija que había
entre las cortinas. La mansión era bastante fría, sobre todo de
noche, así que cuando se levanto, tomo una manta para cubrirse antes
de salir de sus aposentos. Se guió con la poca luz que se filtraba
hasta llegar al lugar de reposo del demonio pelinegro, se paro frente
a su puerta dispuesto a tocar, pero siendo este el dueño de la habitación ya debería de saber que el se encontraba fuera. Coloco la
mano en la perilla de la puerta girándola y abriéndola sin hacer
ruido, la manta le resbalo hasta el suelo mientras observaba
estupefacto la escena.
El adulto separo levemente su rostro
del cuello de la pelirroja mirando con un reojo disimulado al joven
conde que estaba parado en el marco de la puerta. Deslizo las manos
por la espalda de esta atrayéndola y apretándola contra él al tiempo
que soltaba a adrede un pequeño pero audible
sonido
desde lo profundo de su garganta. Ascendió su rostro rozando la piel
del cuello de la joven
con sus labios provocando que un gruñido de rabia saliera del conde peliazul. Meirin giro su rostro rápidamente dándose cuenta por
primera vez de la presencia de su amo observándole con un indicio de
temor, al mismo tiempo y con parsimonia volteo el demonio su rostro
observando al joven conde unos instantes antes de volver con la
pelirroja.-No te me distraigas...-la atrajo hacia si apretando le las
nalgas provocando que los ojos de ella se cerraran soltando un
suspiro involuntario y sus brazos se aferraran al cuello del
pelinegro, quien continuo acariciándola. Los puños del menor se
cerraron con rabia al ver aquello y su mandíbula se apretó haciendo
rechinar sus dientes, gesto que provoco una sonrisa oculta al
demonio.
El
peliazul dio unos pocos pasos quedando a poca distancia de la cama.
Observo al demonio quien le devolvía la mirada con aquellos rubíes impaciente -Tú, demonio... Aquí...-el demonio sonrió de medio lado
al ser llamado por el peliazul, con un movimiento, volteo dejando a
Meirin bajo el, dándole un lento lametón en el cuello antes de
alejarse de ella y moviéndose lentamente sobre la cama hasta llegar
frente al conde.- Joven a...-sus palabras fueron cortadas por un
sonoro bofetón del menor que hizo que el rostro del pelinegro se
girara por el impacto- lament...- antes de que terminara fue cortado
de nuevo por otro golpe en su mejilla. El demonio sonrió levemente llevándose una mano a la comisura del labio donde había recibido el
impacto del anillo del conde, volvió a abrir los labios para hablar
pero el peliazul lo callo antes de que empezara ordenándole silencio.
El joven conde tomo de la camisa al demonio y tiro de ella acercándolo a si mirándole directamente a los ojos, estos se
desviaron sobre su hombro observando unos instantes a la pelirroja
que yacía sobre la cama, acerco su rostro al del pelinegro hasta
casi rozarle y esbozo una sonrisa torcida con el que su rostro perdió
todo rastro de inocencia.-Ya que has comenzado y
te has molestado en mostrarme esa pequeña escena... prosigue-
soltó la camisa de este y le dio un empujón con el que hizo
retroceder al demonio.-Observa Meirin que
amo tenemos...-comento divertido tomando a la ahora cohibida
sirvienta por la cintura e incorporándola para atraerla hacia si de
nuevo consigo- nosotros, como buenos sirvientes que somos, debemos
complacerle en todos sus caprichos...¿verdad?-lamió el lóbulo de la
oreja de la pelirroja haciendo que asintiera levemente.
El
joven Phantomhive retrocedió sentándose en un sillón cercano a la
cama desde donde tenia visión completa de ambos, apoyo su codo en el
reposabrazos del sillón y en este su rostro, observando atentamente
cada uno de los movimientos del pelinegro. El demonio tomo la mano de
Meirin quitando el arma de su posesión, extendió la mano fuera de la
cama e hizo que el cargador y el resto de esta se desmontara por
piezas haciendo ruido al caer al suelo. Tomo la corbata que antes le había quitado la francotiradora y la ato
por las manos al cabecero con ella. Las
manos del demonio acariciaron en vientre de la sirvienta aun cubierto
el jersey oscuro y su vista se dirigió hacia el peliazul acomodado en
aquel asiento-¿Esta seguro, joven amo...?-le pregunto, aunque mas
que una cuestión pareció una afirmación pues se inclino sobre la
sirvienta sin esperar una respuesta de este.

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