sábado, 3 de marzo de 2012

1. Ese mayordomo, en la noche.



Aquel maldito demonio, como cada noche a la misma hora, terminaba de desvestir al niño para ponerle su camisón de dormir, como cada noche, no podia evitar fijarse en aquellos ojos que solo eran comparables con los mismos zafiros, en aquella suave piel de marfil y en aquel rostro inocente, pero también, como cada noche desde hacia algún tiempo, ignoraba aquellos pequeños y casi inaudibles sonidos que salían de entre los labios del menor al suspirar en cada roce que se producía entre ambos a pesar de que su interior le pedía hacerlos mas fuertes hasta hacerle gritar bajo el mientras lo tenia entre sus brazos... Una vez ya arreglado, abrió la cama colocando bien la cubierta cuando el joven conde se metió en ella. Tomo el candelabro que iluminaba la estancia dándole una pequeña reverencia a su joven conde ya cubierto por las pulcras sabanas y con los ojos semicerrados por el sueño-Buenas noches, bochan, que descanse...- Salió de la habitación y se quedo apoyado en la puerta unos instantes, apreciando como el menor caía en un profundo sueño. Aquella era su alma y debía cuidarla con esmero, mantenerla limpia y pulcra como desde el primer momento,liberarla de las tentaciones posibles. Si, el joven Phantomhive era solo para Sebastian Michaelis... 

Soplo las velas haciendo que se apagaran creando la oscuridad en aquel pasillo, dejo el candelabro en una de las mesitas que habian en el pasillo y continuo caminando tranquilamente hacia su habitación a la espera del dia de mañana, otro dia en el que despertar al joven amo, alimentarle, vestirle, asearle, acompañarle, protegerle y volver a dejarlo descansar en un placido sueño. Interesantes, asi le parecían los sueños que el ahora cabeza de la familia Phantomhive tenia, no le gustaba espiar al niño no obstante, alguna vez que otra habia sucumbido en aquella placentera tentación. Y como aguantar ante aquella auto-imagen que el menor habia formado en su mente de mejillas sonrojadas, boca entreabierta dejando escapar dificultosamente el aire de sus pulmones, esos sonidos que intentaba disimular, los temblores al ser acariciado. Si, era una jugosa tentación.

Abrió la puerta de su habitacion una vez llego a la zona del servicio y la cerro tras el quedando apoyado en esta unos instantes, con los ojos cerrados y sonriendo ladinamente. Abrió sus orbes carmesíes que brillaron con el reflejo de la luz lunar que se colaba a través del cristal de la ventana y se dirigio hacia su cama tumbandose semirecostado y pasando un brazo por sobre sus ojos mientras hacia una lista mental para los menús de mañana. Sonrió ladinamente de nuevo esperando que aquella presencia diera el paso oportuno. -Tardas mucho en disparar... Si comienzas a perder facultades tendré que buscar a otra francotiradora que ocupe tu puesto...Meirin.-comento el mayordomo para despues abrir los ojos aun sin incorporarse del todo en apreciando el brillo de uno de los bordes del arma mientras la figura de la pelirroja salia de entre la oscuridad de la habitación. -Ambos sabemos que puedo vaciar el cargador de mi arma en tí y tu seguir concinando tan tranquilamente la comida del amo- La pelirroja continuo apuntando al demonio con el arma mientras avanzaba un par de pasos quedando aun a cierta distancia del pie de la cama, cuando la noto mas cerca esbozo de nuevo la sonrisa ladina que había plasmado en su rostro al entrar allí y quito el brazo que cubria sus ojos. Su visión se centro en la joven francotiradora, analizando cada detalle de esta como otras muchas veces anteriores, observo su pelo aun recogido por los moños que siempre llevaba y la tela blanca que cubria parte de este, su rostro en el que sus lentes se ausentaban mostrando unos ojos decididos y una sonrisa que casi se podia equiparar a la suya. 

Su vista descendió por el traje de sirvienta hasta topar con una de las piernas de esta que iba cubierta hasta la mitad por una media oscura, ya que iba recogido como cuando la mansión era atacada permitiendole así mas movilidad.- Una señorita no debe de ir de esa guisa, y menos estando a solas en el cuarto de un hombre.- La chica pelirroja aparto el cañon de la pistola sin quitar aun su sonrisa.-¿Acaso vas a ver algo que no hayas visto ya?- Guardo el arma en la funda que llevaba en la pierna que mostraba y despues levanto las manos a su cabello quitandose la cinta blanca que lo cubria, acto seguido se quito las horquillas y cintas con las que lo mantenia amarrado en moños dejándolo caer sobre sus hombros. Llevo las manos a su cintura y deshizo el nudo del delantal dejando que siguiera el mismo camino que la cinta del cabello, tirado en el suelo. Avanzo mas hacia la cama y se subió sobre el colchón, aun calzada con las botas, quedando de pie en este frente al demonio.-Siempre puedo atravesar tu estomago y extraer tus vísceras... eso aun no lo vi...-sonrio macabramente mientras observaba a la pelirroja frente a el. La joven correspondió la sonrisa de la misma manera, lo que hizo que los ojos de Sebastian brillaran en su reflejo. De un movimiento, se incorporo quedando sentado, apoyando su espalda en las almohadas observando como la pelirroja se llevaba las manos a su espalda comenzando a desabrochar el uniforme.

Meirin clavo sus ojos chocolate en los del demonio, al tiempo que desabrochaba el ultimo boton, su sonrisa cambio mostrando una expresión mas juguetona.- Eso puedes dejarlo para el postre si lo deseas.-comento mientras deslizaba sobre sus hombros el vestido, dejando que se escurriera hasta sus pies arrugado, quedando vestida con un fino y pegado jersey negro, unos pantalones bastante cortos del mismo color y en ambas piernas los cintos en donde guardaba las armas. Movio sus piernas quitando aquel traje de enmedio y avanzo hasta quedar sobre el demonio sentandose en las piernas de este. Acerco su rostro al del ojicarmin haciendo que ambos alientos chocaran. Para el pelinegro aquella mente era algo extraña, no habia visto humanos que fueran tan variables como ella, y tan solo hacian falta unas gafas para ello. La muchacha se quedo embelesada en los ojos del demonio mientras volvía a desenfundar una de sus armas y la posaba sobre la garganta del pelinegro.-Dígame, señor Michaelis...-movio el arma deslizandola sobre el rostro de este acariciandole así-¿He de apretar el gatillo o desea que le deje vivir un poco mas?.- El demonio sonrió ante la acción de la muchacha.- Decida usted joven, pero aténgase a las consecuencias...

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