![]() |
Aquel maldito demonio, como cada noche
a la misma hora, terminaba de desvestir al niño para ponerle su camisón de dormir, como cada noche, no podia evitar fijarse en
aquellos ojos que solo eran comparables con los mismos zafiros, en
aquella suave piel de marfil y en aquel rostro inocente, pero también, como cada noche desde hacia algún tiempo, ignoraba aquellos
pequeños y casi inaudibles sonidos que salían de entre los labios
del menor al suspirar en cada roce que se producía entre ambos a
pesar de que su interior le pedía hacerlos mas fuertes hasta hacerle
gritar bajo el mientras lo tenia entre sus brazos... Una vez ya
arreglado, abrió la cama colocando bien la cubierta cuando el joven
conde se metió en ella. Tomo el candelabro que iluminaba la estancia dándole una pequeña reverencia a su joven conde ya cubierto por las
pulcras sabanas y con los ojos semicerrados por el sueño-Buenas noches, bochan, que
descanse...- Salió de la habitación y se quedo apoyado en la
puerta unos instantes, apreciando como el menor caía en un profundo
sueño. Aquella era su alma y debía cuidarla con esmero, mantenerla
limpia y pulcra como desde el primer momento,liberarla de las
tentaciones posibles. Si, el joven Phantomhive era solo para
Sebastian Michaelis...
Soplo las velas haciendo que se
apagaran creando la oscuridad en aquel pasillo, dejo el candelabro en
una de las mesitas que habian en el pasillo y continuo caminando
tranquilamente hacia su habitación a la espera del dia de mañana,
otro dia en el que despertar al joven amo, alimentarle, vestirle,
asearle, acompañarle, protegerle y volver a dejarlo descansar en un
placido sueño. Interesantes, asi le parecían los sueños que el
ahora cabeza de la familia Phantomhive tenia, no le gustaba
espiar al niño no obstante, alguna vez que otra habia sucumbido en
aquella placentera tentación. Y como aguantar ante aquella auto-imagen que el menor habia formado en su mente de mejillas
sonrojadas, boca entreabierta dejando escapar dificultosamente el
aire de sus pulmones, esos sonidos que intentaba disimular, los
temblores al ser acariciado. Si, era una jugosa tentación.
Abrió la puerta de su habitacion una
vez llego a la zona del servicio y la cerro tras el quedando apoyado
en esta unos instantes, con los ojos cerrados y sonriendo
ladinamente. Abrió sus orbes carmesíes que brillaron con el reflejo
de la luz lunar que se colaba a través del cristal de la ventana y se
dirigio hacia su cama tumbandose semirecostado y pasando un brazo por
sobre sus ojos mientras hacia una lista mental para los menús de
mañana. Sonrió ladinamente de nuevo esperando que aquella presencia
diera el paso oportuno. -Tardas mucho en disparar... Si comienzas a
perder facultades tendré que buscar a otra francotiradora que ocupe
tu puesto...Meirin.-comento el mayordomo para despues abrir los ojos
aun sin incorporarse del todo en apreciando el brillo de uno de los
bordes del arma mientras la figura de la pelirroja salia de entre la
oscuridad de la habitación. -Ambos sabemos que puedo
vaciar el cargador de mi arma en tí y tu seguir concinando tan
tranquilamente la comida del amo- La pelirroja continuo
apuntando al demonio con el arma mientras avanzaba un par de pasos
quedando aun a cierta distancia del pie de la cama, cuando la noto
mas cerca esbozo de nuevo la sonrisa ladina que había plasmado en su
rostro al entrar allí y quito el brazo que cubria sus ojos. Su visión se centro en la joven francotiradora, analizando cada detalle de esta
como otras muchas veces anteriores, observo su pelo aun recogido por
los moños que siempre llevaba y la tela blanca que cubria parte de
este, su rostro en el que sus lentes se ausentaban mostrando unos
ojos decididos y una sonrisa que casi se podia equiparar a la suya.
Su vista descendió por el traje de sirvienta hasta topar con una de
las piernas de esta que iba cubierta hasta la mitad por una media
oscura, ya que iba recogido como cuando la mansión era atacada
permitiendole así mas movilidad.- Una señorita no debe de ir de esa
guisa, y menos estando a solas en el cuarto de un hombre.- La chica
pelirroja aparto el cañon de la pistola sin quitar aun su
sonrisa.-¿Acaso vas a ver algo que no hayas visto ya?- Guardo el
arma en la funda que llevaba en la pierna que mostraba y despues
levanto las manos a su cabello quitandose la cinta blanca que lo
cubria, acto seguido se quito las horquillas y cintas con las que lo
mantenia amarrado en moños dejándolo caer sobre sus hombros. Llevo
las manos a su cintura y deshizo el nudo del delantal dejando que
siguiera el mismo camino que la cinta del cabello, tirado en el
suelo. Avanzo mas hacia la cama y se subió sobre el colchón, aun
calzada con las botas, quedando de pie en este frente al demonio.-Siempre puedo atravesar tu estomago y extraer tus vísceras... eso
aun no lo vi...-sonrio macabramente mientras observaba a la pelirroja
frente a el. La joven correspondió la sonrisa de la misma manera, lo
que hizo que los ojos de Sebastian brillaran en su reflejo. De un
movimiento, se incorporo quedando sentado, apoyando su espalda en las
almohadas observando como la pelirroja se llevaba las manos a su
espalda comenzando a desabrochar el uniforme.
Meirin clavo sus ojos chocolate en los
del demonio, al tiempo que desabrochaba el ultimo boton, su sonrisa
cambio mostrando una expresión mas juguetona.- Eso puedes
dejarlo para el postre si lo deseas.-comento mientras
deslizaba sobre sus hombros el vestido, dejando que se escurriera
hasta sus pies arrugado, quedando vestida con un fino y pegado jersey
negro, unos pantalones bastante cortos del mismo color y en ambas
piernas los cintos en donde guardaba las armas. Movio sus piernas
quitando aquel traje de enmedio y avanzo hasta quedar sobre el
demonio sentandose en las piernas de este. Acerco su rostro al del
ojicarmin haciendo que ambos alientos chocaran. Para el pelinegro
aquella mente era algo extraña, no habia visto humanos que fueran
tan variables como ella, y tan solo hacian falta unas gafas para
ello. La muchacha se quedo embelesada en los ojos del demonio
mientras volvía a desenfundar una de sus armas y la posaba sobre la
garganta del pelinegro.-Dígame, señor Michaelis...-movio el arma
deslizandola sobre el rostro de este acariciandole así-¿He de
apretar el gatillo o desea que le deje vivir un poco mas?.- El
demonio sonrió ante la acción de la muchacha.- Decida usted joven,
pero aténgase a las consecuencias...

No hay comentarios:
Publicar un comentario