Sentado
en uno de los bancos del centro del parque y vestido elegantemente,
miraba a su alrededor con aburrimiento, aquella humanidad estaba cada
vez mas corrompida y en aquel momento apenas le guardaba
entretenimiento alguno el buscar un ser en el que poder hallar un mínimo de su interés. Tan solo
buscaba un reto que se pusiera a su altura... Jóvenes humanos de ambos sexos cruzaban por enfrente, todos presumiendo en
mente y viva
voz su cuna noble, de los grandes deberes y obligaciones que llevaban
a sus espaldas, de la castidad que guardaban ante la espera de un
matrimonio acordado mientras
aguardaban
a que sus progenitores se dieran la vuelta para lanzar miradas
hambrientas a quien se cruzara en su paso. Enarco una ceja ante las
cavilaciones indecorosas que capto hacia
su persona y giro su rostro buscando al
responsable de dichos pensamientos impuros... Cuando la mirada de un
joven pelinegro choco con la del demonio, todos los colores subieron
a su rostro delatandose a si mismo provocando en el mayor una sonrisa
ladina. Volvió su vista al frente y negó suavemente con la cabeza,
[i]los humanos son como ratas, solo deben de oler el queso para
sentirse atraídos hacia su propia muerte[/i].
Y
otro día mas pasaría sin encontrar nada de provecho que poder hacer
pues ninguna de aquellas miseras almas merecía su atención, otro día
sin importancia alguna, uno mas de aquella hermosa eternidad de la
que disfrutaba como un dulce. Barrer la humanidad extendiendo aquello
que era [i]prohibido[/i] y se veía sucio a los ojos de aquellos seres
que se hacían llamar ángeles, hacer del pecado algo natural,
provocarles que aquella pulsion llamada tentación sea necesaria para
los humanos en su día a día, crearles la necesidad de mantener su
cuerpo por encima de la mente, la necesidad de atesorar los bienes
mundanos y necesidad de los placeres carnales. Hacerles caer en la
tentación, la debilidad ante el placer y el dolor, enseñarles el
libre albedrío y llenarse de satisfacción al ver como ellos solos se
orientan hacia la opción que mas apuñala a su alma. Controlar sus
pensamientos, darles a nacer y guiarles hacia un destino que les
condenara cual titiritero mueve los hilos de su muñeco... La simple
idea de un alma humana intacta y a la que poder marchitar le hacia
temblar.
Un
nuevo pensamiento se cruzo por su mente haciéndole sonreír levemente.
Se levanto de donde estaba y comenzo a caminar internándose en las
calles de la ciudad en busca de un objetivo fijo, pues hacia tiempo
que no veía a su pequeña dama...
Levanto
la vista y allí estaba, como otras muchas veces tumbada al sol que
daba en aquel balcón-Abandona lo que tienes y vente conmigo-le
susurro melosamente a la gata de negro pelaje llamando la atención de
esta. El animal se levanto, movió la cola y se agazapo antes de
saltar a los brazos de este. Se retorcía siguiendo las caricias que
el demonio le proporcionaba maullando suavemente. Una sensación
extraña recorrió su cuerpo y alerto sus sentidos provocando que su
atención se apartara del felino y su rostro se girara buscando a la
razón de ello. Razón que pronto encontró destacando entre el resto
de seres que paseaban cruzando aquella misma calle. A pesar de la
gran distancia en la que se encontraban, sus ojos no pudieron evitar
fijarse en toda ella, sus sentidos le clamaban la naturaleza de
aquel grácil ser, observo sus movimientos, su figura, su
rostro...todo en aquella criatura se veía bellamente perfecto... El
tiempo, en un extraño acto generoso, se ralentizo a su alrededor
haciendo que todo ocurriera con una lentitud anormal, dejándole que
pudiera grabar en su mente cada detalle de aquel inocente ser que se
había cruzado en su camino.
Noto
como el animal clavaba las uñas en su mano reclamandole la atención
que le había perdido tras quedarse ensimismado con aquella
criatura.-Celosa...-le recrimino con una sonrisa mientras la dejaba
en el suelo donde antes la había encontrado descansando.-Cuando tenga
tiempo volveré a verte pequeña... extrañame mientras tanto...
Guiado
por la curiosidad, camino siguiendo los pasos de aquel ser, una
curiosidad que palpitaba ansiosa en su interior en aquel momento, una
curiosidad que le dirigía hacia lo prohibido con un deseado cebo...
Paro sus pasos y bajo su vista, agachándose y recogiendo aquello que
había en el suelo. Lo puso frente a sus ojos inspeccionando, tomando
cada detalle aquella brillante y pulcra pluma blanca que se había
desprendido de aquella joven. Torció sus labios con una sonrisa y con
cuidado, guardo aquel delicado fragmento del ángel en uno de los
bolsillos de su chaqueta, dándose la vuelta y caminando en dirección
contraria, perdiéndose entre el resto de humanos y finalmente
desapareciendo.
CRÉDITOS:
Texto: Sebastian Michaelis [New Kuroshitsuji RPG]



